Ucho (La oreja)

domingo, noviembre 11th, 2018

La invasión de Checoslovaquia por parte de la Unión Sovietica y sus aliados del Pacto de Varsovia a finales del verano de 1.968, supuso el quebranto definitivo para las ansias de emancipación por parte de los pueblos checo y eslovaco, tras un periodo de esperanzador aperturismo iniciado por la subida al poder de Alexander Dubcek en el mes de enero de aquel ejercicio y la puesta en marcha del denominado «Socialismo con rostro humano», donde se abogaba por una menor burocracia, el fin de las actitudes totalitarias y el multipartidismo. En sólo unos meses el país centroeuropeo sufriera un importante proceso de cambio no sólo en el aspecto político, si no también social y cultural, fenómeno que fue conocido como la «La primavera de Praga». Precisamente el ahogamiento de todos estos anhelos colectivos por la fuerza de las armas creó una sensación de rabia e impotencia entre la población, provocando una llamativa postración y una respuesta airada e inconformista en las artes.

Dentro del matiz estrictamente cinematográfico, se pasa de unas películas llenas de energía vital y búsqueda incesante de la creatividad a unos trabajos provistos de escepticismo, descreimiento y mordacidad; ejemplos lo tenemos en «Martillo para las brujas» de Otakar Vávra en 1.969, adaptación del relato de Václav Kaplický, donde se expone todo el horror y la depravación de un proceso por parte de la Inquisición contra unas mujeres acusadas de prácticas heréticas en la Moravia de finales del siglo XVII, «El incinerador de cadáveres» de Juraj Herz, en el mismo año, una crónica sórdida y contumaz, dotada de un humor negro y tono asfixiante, donde se describe sin estridencias los crímenes de un asesino en serie, cabeza visible de una convencional familia pequeña-burguesa, en la Praga de finales de los años 30 en vísperas de la ocupación nazi o «Ucho (La Oreja)» de Karel Kachyna, con montaje final en 1.970, semblanza llena de terror y paranoia teniendo como protagonistas a miembros de la propia «Nomenklatura» marxista local.

Si bien las dos primeras consiguieron burlar la rígida censura imperante debido a su carácter enormemente alegórico y al estar provistas de un marco histórico susceptible a múltiples interpretaciones, la tercera no pudo superar la reprobación gubernativa por criticar sin ambages las características liberticidas de un régimen abocado a un neo-estalinismo de notorio carácter reaccionario, por lo que al filme de Kachyna no se le permitió su exhibición pública y hubo de esperar la democratización promovida por la llamada «Revolución de Terciopelo» para la presentación en el «Festival de Cannes» de 1.990, donde optó por la «Palma de Oro».

Surgiera en un principio como proyecto de la «Fimové Studio Barrandov», con producción de Karel Vejrick, dirección de Karey Kachyna, guión del mismo Kachyna al lado de Jan Procházka y Ladislav Winkelhöfer, fotografía de Josef Illík, escenografía de Oldrich Okác, música de Svatopluk Havelka, edición de Miroslav Hájek y un llamativo reparto actoral donde destacaban los nombres de Jirina Bohdalová, Radoslav Brzobohatý, Jirí Císler, Jaroslav Moucka y Frantisek Nemec.

Significaba el decimotercero largometraje de Karel Kachyna, nacido en la pequeña ciudad de Vyskov el 1 de mayo de 1.924, con una carrera iniciada a principios de la década de 1.950 y responsable de interesantes títulos como «Vértigo» en 1.963, «La esperanza» en 1.964, Viva la Républica» en 1.965 o «Viaje a Viena» en 1967, destacando en todos ellos una llamativa expresión poética aderezada por una precisa dosis de alegría y tristeza a partes iguales; visto por muchos como el verdadero padre de la «Nueva Ola» checa, debido a la prodigalidad de su obra y maestro de importantes cineastas como Milos Forman y Jiri Menzel.

Se intenta detallar una extraña descripción, desarrollada en una desasosegante noche, teniendo como protagonistas a un matrimonio formado por Ludvïk, un burócrata del Partido Comunista con notorio afán arribista dentro del sistema y Anna, una maestra retirada hija de un pequeño comerciante provinciano y con notables problemas de alcoholismo; los dos están sumidos en una relación tormentosa tras diez años de unión, donde han perdido parte de su arrebato tanto amoroso como sexual. Tras haber asistido a un banquete de jerarcas regresan a su domicilio situado en un agradable barrio de viviendas unifamiliares y desde los primeros instantes comprueban con horror por una serie de sospechosos indicios que la casa ha sido allanada, como el estar la puerta principal abierta y las llaves de repuesto desaparecidas; es a partir de aquel momento donde el dirigente político empieza a recordar ciertos detalles de la fiesta que acaban de abandonar, donde se había enterado del encarcelamiento de su superior jerárquico. La conjetura de su posible detención provoca en Ludvík una búsqueda obsesiva de micrófonos en diversas estancias y una destrucción concienzuda de documentos comprometedores; la percepción de su caída en desgracia se ve más alimentada por la observación siempre arbritaria de unos movimientos extraños en el jardín y la presencia continuada de un vehículo en la acera de enfrente. En medio de estas circunstancias el hombre y la mujer discuten, en momentos acaloradamente, saliendo a relucir todos sus demonios interiores y el pánico entre los dos aumenta cuando los servicios eléctricos y telefónicos son suspendidos sin previo aviso. Con el paso de las horas y a oscuras empieza a resurgir en la pareja los olvidados sentimientos de pasión, ternura y protección.

El resultado en lenguaje fílmico es una creación enormemente novedosa y subjetiva, donde con un estilo de clara influencia teatral, se muestra una atmósfera surgida de las más sórdidas pesadillas, provocando en el espectador las mismas sensaciones de horror, angustia y claustrofobia que las padecidas por los personajes protagonistas. Hay una incesante búsqueda por los caminos de la memoria, llena de vericuetos y contradicciones, cuyo resultado nunca es el esperado.

El de Vyskov se manifiesta como un realizador de gran temple y en momentos excesivamente ducho, provocando acercar la cámara a los ejecutantes, en movimientos estridentes y nerviosos en las escenas del sarao y más calmados, aunque de gran fluidez imaginativa, durante las del interior de la morada. Pero contra de lo que pueda parecer en una primera visión, las dos formas están unidas por un mismo halo simbólico, como cortadas por un patrón semejante.

El libreto de Kachyma, Procházka y Winkelhöfer, contiene una importante dosis de brillantez, donde alcanza mezclar un desgarro marital bastante cercano al cosmos de «Quién teme a Virginia Woolf» pieza surgida de la pluma del dramaturgo estadounidense Edward Albee a la integridad obsesiva de «1.984», la empeñada y distópica novela del británico George Orwell, sumando la fotografía de Illík, de fulgente y resolutivo blanco y negro, con un predominio de la luz en los momentos de ansiedad y de oscuridad en los más calmados e intimistas, los decorados de Okác muy bien logrados, convertidos en un sujeto más, la partitura de Havelka , con notorias características minimalistas y el montaje de Hájek enormemente diestro.

Dentro de las interpretaciones debemos destacar a los dos principales actores de la película, el duo formado por Jirina Bohdalová y Radoslav Brzobahatý, llevando sobre sus hombros el peso de toda la narración, provocando una cercanía muy pocas veces lograda, aunque sin poderse olvidar de grandes secundarios sobradamente competentes como Jirí Císler y Jaroslav.

Buscando datos curiosos, hemos de decir que este filme fue objeto de dos interesantes «Remakes», como su adaptación en 1.983 para la «Pequeña Pantalla» con producción de la ORF, la Radio y Televisión pública de Austria, contando con la dirección del checo Pavel Landovský, entonces exiliado en Viena y las glosas capitales por parte de Gertraud Jesserer y Joachim Bissmeier o la cinta del macedonio Ivo Trajkov, conocida internacionalmente como «Honey Night», estrenada en 2.015, con Verica Nedeska y Nikola Ristanovski como ejecutantes destacados.

One Response to “Ucho (La oreja)”

  1. Una auténtica obra maestra. Creo que es lo mejor del cine checoslovaco durante el periodo comunista. Refleja con poco medios lo que puede llegar a ser un estado totalitario.

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