En busca del Arca Perdida

miércoles, octubre 3rd, 2018

Steven Spielberg nació el 18 de diciembre de 1.946 en la ciudad de Cincinnati, dentro del estado norteamericano de Ohaio, en el seno de una familia de religión judía. Entusiasta del «Arte del Celuloide» desde su más tierna infancia, durante su etapa de estudiante en secundaría es capaz de realizar una serie de cortos en «Super-8» y a finales de los 60 consigue matricularse en la «California State University, Long Beach», dentro de su escuela de Cine, Teatro y Televisión; es en esta época cuando entra como becario en la «Universal Studios» ejerciendo como ayudante de montaje. Posteriormente se le asigna dentro de la misma compañía la labor de director en determinados episodios de las conocidas series televisivas «Marcus Welby, M.D:» y «Colombo»; en 1.971 Spielberg logra un notable impacto social con el telefilme rodado en 16 mm «El diablo sobre ruedas», de marcado y angustioso suspense.

En 1.974 el nativo de Ohaio debuta como realizador en la «Gran Pantalla» con «Loca Evasión», retratando el drama de una joven pareja en seguimiento de la Justicia y un año después, su adaptación cinematográfica de «Tiburón», el famoso «Best Seller» de Peter Benchley, se convierte en un auténtico éxito de «Crítica» y público a nivel mundial; buenos resultados comerciales que se repiten con su posterior trabajo, la cinta de «Ciencia Ficción» presentada con el epígrafe de «Encuentros en la tercera fase» en 1.977, destacando la participación estelar del gran Francois Truffaut como ejecutante. Este estreno coincide con la muestra inicial en el mismo ejercicio de la actualmente mencionada «Star Wars: episodio IV, Una nueva esperanza» de George Lucas, provocando que los dos jóvenes cineastas fueran calificados por la prensa más especializada como exponentes del llamado «Nuevo Hollywood», por su forma novedosa de retratar géneros clásicos.

Es precisamente en el verano de aquel año cuando coinciden en unas vacaciones en Hawái Lucas y Spielberg, donde el californiano le propone al de Cicinnati la puesta en marcha de un proyecto a medio plazo, sobre un profesor universitario de Arqueología en los años 30 llamado Indiana Jones y sus periódicas expediciones en búsqueda de codiciados objetos históricos; una idea que surgía con claras influencias de los seriales sabatinos, del «Cine de Aventuras» más añejo y las películas de James Bond. Se procedería un reparto de tareas, asumiendo Georges Lucas la producción y Steven Spielberg la dirección.

Pero este propósito tiene que esperar un poco de tiempo ante el inicio de una nueva brega por parte de Spielberg, recibiendo la denominación de «1.941», con debut oficial el 14 de diciembre de 1.979, una comedia inspirada en la histeria colectiva producida en la ciudad de Los Angeles tras el ataque japonés a Pearl Harbor y mal recibida por los sectores más conservadores y patrioteros del país americano, hecho que influyó enormemente en el fracaso estrepitoso del filme en la venta de entradas.

Retomada la idea del docente trotamundos, se procede la contratación de Lawrence Kasdan como guionista, siendo competente para crear una historia desarrollada en el año 1.936, donde un prestigioso catedrático de arqueología, el doctor Henry Walton, conocido en ciertos círculos como Indiana Jones, es comisionado por el gobierno estadounidense para encontrar la mítica «Arca de la Alianza», donde se guardan las «Tablas de la Ley» que Dios transmitió a Moisés y según leyendas antiquísimas, por sus manifiestos poderes sobrenaturales, están en condiciones de derrotar a cualquier ejército; por otra parte la reliquia es también ambicionada por el régimen nazi, organizador de unas importantes excavaciones cerca de El Cairo, ante la creencia de ser el lugar donde el vestigio está escondido desde hace siglos, dirigidas por el francés René Belloq, un auténtico desvalijador de tumbas y rival declarado de Indiana, contando además, por motivos de protección, con un destacamento armado de la «Gestapo» al mando del terrible mayor Toht. Decido a sabotear la misión teutona, el enseñante norteamericano en su viaje a la antigua «tierra de los faraones» se ve obligado hacer un transbordo en Nepal donde se encuentra con Marion, una resolutiva mujer, pareja sentimental de Indiana en el pasado, que a pesar de cierto recelo inicial, no duda en unirse a su antiguo amante en la empresa de éste en suelo egipcio. Llegados a la capital del país norteafricano, Marion sufre un atentado por parte de los alemanes dirigido expresamente contra el inquieto viajero, donde aparentemente la chica pierde la vida; lleno de rabia Indiana se infiltra en el campamento de los nazis, topándose por casualidad por Sallah, uno de los más prestigiosos expertos en excavaciones del lugar, contratado por los germanos y amigo del docente desde hace años, que no vacila en cambiar de bando y unirse al estadounidense. Indiana Jones descubre «El pozo de las almas», el lugar donde puede encontrarse la codiciada reliquia y tras enterarse de la buena noticia de que Marion no ha muerto en realidad, puede formar un animoso equipo con la muchacha y Sallah con el objetivo manifiesto de desbaratar los planes de Belloq y los nazis.

La misma «Lucasfilm» se encargaría de la financiación, recabando la distribución de la poderosa «Paramount Pictures» y se busca principalmente la participación de grandes profesionales como a Douglas Slocombe en la tarea de operador jefe, de Norman Reynolds, Leslie Dilley y Michael Ford como escenógrafos, a Deborah Madoolman bregando con el vestuario, de Richard Edlund, Kit West, Bruce Nicholson y Joe Johnston en Efectos Especiales, a Bill Varney, Steve Maslow, Gregg Landaker y Roy Charman como encargados del sonido, de Ben Burtt y Richard L. Anderson como editores de sonido, a John Williams como compositor original y de Michael Kahn arrogándose del montaje. Para el casting se recurre a personalidades como Harrison Ford, Karen Allen, Paul Freeman, Ronald Lacey, John Rhys-Davies o Denholm Elliott.

Comienzan las tomas en la primavera de 1.980, en el puerto atlántico francés de La Rochelle, donde también se coincide con los sets de rodaje de la producción alemana occidental de «El Submarino» con dirección de Wolfgang Petersen, hecho que es aprovechado por la compañía para conseguir por parte de los germanos un alquiler del modelo «U-Boot», utilizado en la II Guerra Mundial; posteriormente el equipo se traslada a los «Elstree Studios» situados en el condado de Hertforshie en Inglaterra para las escenas de interiores y se cambia de continente con el desplazamiento a Tunez, donde se filma en las localidades de Tatoine, lugar que Lucas ya conocía muy bien por haber sido escenario de su producción de 1.977 y en la ciudad santa para los musulmanes de Kairuán; la labor termina en suelo norteamericano con secuencias añadidas en las poblaciones californianas de San Francisco y San Mateo junto con Kauai en el archipiélago de Hawái.

Finalmente se procede la presentación oficial de la cinta el 12 de junio de 1.981, obteniendo desde el principio un inusitado éxito de público, acaparando la estratosférica cantidad de 8.305.823 dólares de recaudación sólo en el primer fin de semana en Estados Unidos, hecho que acrecentaría la leyenda de Steven Spielberg como el verdadero «Rey Midas» de Hollywood. En la ceremonia de los «Oscars» en 1.982, la cinta fue reconocida en las especialidades de «Mejor Dirección Artística» en Norman Reynolds, Leslie Dilley y Michael Ford, «Mejores Efectos Especiales» en Richard Edlund, Kit West, Bruce Nicholson y Joe Johnston, «Mejor Sonido» en Bill Varney, Steve Maslow, Gregg Landaker, y Roy Charman y «Mejor Montaje» en Michael Kahn, así como la «Mención Especial» por la edición del sonido en Ben Burtt y Richard L. Anderson.

Desde los fotogramas iniciales el espectador se ve sobresaltado por un grato espectáculo, lleno de bullicio, desmesura, frescura, agilidad y primicia, acompañado de una acción verdaderamente arrolladora, convirtiéndose en un entretenimiento de primer nivel, capaz de atraer a cualquier tipo de segmento social, en una complicidad fuera de toda duda; con todo el filme adquiere una identidad propia verdaderamente sugestiva, en una reinvención post-moderna de lo académico, con cierto regusto por la vieja escuela.

El de Cincinnati brinda una realización impecable, dotada de gran calidad técnica, pudiendo encadenar sagazmente una serie de vistosas secuencias, extremadamente bien planificadas, cada una con matices muy precisos, en un envidiable sentido del equilibrio. El cineasta es capaz de sumar todo el talento de un equipo seducido y entregado a su propia genialidad.

El libreto de Kasdan posee una gran fuerza narrativa, surtido de un sólido hilo conductor, mezclando toques de ardor, humor, ironía e intriga, provisto de apreciables referencias cinéfilas, logrando que cada personaje encaje perfectamente en el devenir de la historia y no queriendo ocultar un cierto halo de progresismo y anti-fascismo, acorde con aquella Norteamérica liberal de Franklin Delano Roosvelt. A lo que tenemos que añadir una fotografía de Slocombe exhibiéndose bella y fulgente, dentro de unos colores enormemente armoniosos, unos decorados de Reynolds, Dilles y Ford llenos de hechizo, una guardarropía de Madoolman muy detallista, unos efectos especiales de Edlund, West, Nicholson y Johnston, enteramente artesanales y que si bien son necesarios no quita protagonismo al relato, un sonido de Varney, Maslow, Landaker y Charman impactante, un diseño de sonidos de Burtt y Anderson extremadamente preciso, una musicalización de Williams enormemente pegadiza y completamente incrustada en la trama y un montaje de Kahn hábil y conveniente, corroborando un ritmo frenético y delirante.

Referencia por separado nos merecen las glosas de los actores, destacando a Harrison Ford (Indiana Jones), muy profesional y correcto, sabiendo recrear un autentico arquetipo, enriquecido con elementos de auto-parodia y socorraneria, en un héroe no del todo perfecto, con palpables claro-oscuros, a Karen Allen (Marion), enormemente carismática, en un papel libre de roles de género, los ingleses Paul Freeman (Belloq), extremadamente perspicaz, concibiendo el paradigma de un «bon vivant» revestido de vileza y Ronald Lacey (Toht), en una encarnación de la infamia con ribetes verdaderamente grotescos, junto al galés John Rhys-Davies (Sallah) expresando cercanía.

El preclaro triunfo mercantil de la película animó la continuación de las peripecias del paladín y en 1.984 se presenta oficialmente «Indiana Jones y el Templo Maldito», una precuela cuya acción se desenvuelve en 1.935, donde Lucas y Spielberg repiten respectivamente sus funciones de productor y realizador, teniendo como escenarios la cosmopolita Shanghái de «Entreguerras» y una fascinante India colonial, aunque carcomida por el ensañamiento de la terrorífica secta de los thaguis, seguidores de la sanguinaria diosa Kali; el año 1.989 es testigo de la comercialización de «Indiana Jones y la ultima cruzada», en este caso sin la implicación del de Modesto en la producción, situando la descripción en 1.938, donde nuestro arqueólogo se encuentra con su padre y se enfrenta de nuevo a los nazis, teniendo como escenarios Venecia, el mismo III Reich y Oriente Medio. Es a principios de los 90 cuando George Lucas promueve la serie de televisión, «Las aventuras del joven Indiana Jones», contando con el inestimable apoyo por parte de la «ABC», donde protagonizada por el actor Sean Patrick Flanery, se pretende relatar la infancia y juventud del insigne sujeto, descubriéndose su participación en la I Guerra Mundial alistado en el ejército belga y sus encuentros con importantes figuras históricas como Mustafá Kemal Pachá, Mata-Hari, Albert Schweitzer o Charles de Gaulle. Finalmente en 2.008 tiene lugar la primera exhibición pública de «Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal», con producción y dirección respectivamente por parte de los sempiternos Lucas y Spielberg, desplegando la obra en los años 50 en medio de la vorágine de la «Guerra Fría», mostrando como marcos a Estados Unidos y una imprecisa América latina, donde un ya talludito profesor se reencontrará con Marion, conocerá a un hijo secreto engendrado de la mujer llamado Mutt, convertido en un auténtico «greaser» y obligados a lidiar el reencontrado colectivo familiar esta vez con los soviéticos por la posesión de un extraño cráneo de vidrio, supuestamente alienígena y poseedor de insólitos poderes mágicos.

2 Responses to “En busca del Arca Perdida”

  1. Si bien es representativo de una época, está cercano a la categoría de un clásico.

  2. Una peli llena de testoterona que hechiza a cualquier tipo de público. Es una de mis filmes favoritos desde que lo ví por primera vez en mi niñez.

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