El salario del miedo

martes, septiembre 11th, 2018

En un pequeño, aislado y pobre poblado venezolano llamado Las Piedras han ido a parar una serie de desheredados de la fortuna de origen europeo; auténticos seres fracasados, víctimas de una irracional inmigración al Nuevo Mundo, donde se ven absorbidos en un insano ambiente de calor agobiante, convertido en el exponente de un melancólico pesar. La presencia de los pozos de petróleo pertenecientes a la multinacional estadounidense «Southern Oil Company» es la única esperanza de estos individuos para salir de su espiral de depresión y ante el incendio de una refinería, la compañía ofrece una prima de 2.000 dólares para cuatro hombres con el objetivo de transportar nitroglicerina, altamente explosiva en dos camiones y sin las medidas de seguridad correspondientes, hasta el epicentro del siniestro a través de unos 300 Km. llenos de peligros y una vez llegados al destino, activar las cargas del detonante y así mover una masa de tierra suficiente para ahogar el fuego. Innumerables voluntarios se apuntan para formar parte de este extraño comando suicida, aunque al final son solamente elegidos el corso Mario, el mafioso parisino Jo, el ex-combatiente alemán Bimba y el albañil italiano Luigi.

Con todo este cosmos, surgido de la novela del autor francés Georges Arnand «Le salaire de la peur», traducida a la lengua castellana como «El salario del miedo», el también galo Henri-Georges Clouzot promueve una creación llena de pulcritud formal pero a la vez provista de elementos provocativos y sumamente perturbadores sobre todo para el espectador más acomodaticio, algo extraño en un corpus cinematográfico más convencional.

Para ello Clouzot se sirve mayoritariamente de la financiación de las francesas «Vera Films», «CICC» y «Filmsonor», al lado de la italiana «Fono Roma», compartiendo la producción ejecutiva con Raymond Bordeire, también colaborando en el guión con Jerome Géronimi, la fotografía de Armand Thirard, la banda sonora original de Georgs Auric y la edición de Madeline Gug, E. Muse y Henri Rust; se logra un interesante y cosmopolita casting de actores donde tienen cabida las personalidades de Yves Montand, Charles Vanel, Peter van Eyck, Folco Lulli, Véra Clouzot, Dario Moreno o Antonio Centa.

Debido a motivos presupuestarios se abandona pronto la idea de rodar la cinta en Sudamérica, abriéndose la opción de buscar escenarios en el Mediterráneo español, pero las autoridades del régimen franquista no dan los permisos necesarios al considerar el libreto sumamente subversivo y al remate las tomas tienen lugar en localidades del Mediodía de las antiguas Galias como Bouches-du-Rhone, Nimes y Saint-Gilles.

Tras su acabado final, el filme se presenta oficialmente en la edición de Cannes de 1.953, donde obtiene la «Palma de Oro»; asimismo hace acto de presencia en el «Festival de Berlín» del mismo año, siendo laureado de nuevo con el «Oso de Oro» del certamen germano y en los BAFTA de 1.955, los galardones de la academia británica del Cine y la Televisión, la creación es reconocida como «Mejor Película»

Resultaba el cuarto largometraje de Henri-Georges Clouzot, nacido en la pequeña ciudad aquitana de Niort el 20 de noviembre de 1.907; tras introducirse en la industria cinematográfica de su país como supervisor de doblajes y guionista en la década de 1.930, debuta en la faceta de director con la producción de 1.942 «El asesino vive en el 21», rodada en pleno régimen de Vichy, un «thriller» de marcado carácter pesimista, continuando con «El cuervo», estrenada en 1.943, otra nueva vuelta de tuerca fatalista, calificada como peligrosamente colaboracionista por la prensa más izquierdista una vez terminada la contienda; es en 1.949 cuando puede comercializar «Manon», un drama sobre la «Shoah» y cambia de registro en 1.950 con la comedia costumbrista «Miquette».

En la cinta del tercer año de la década de los 50, Clouzot puede exhibir ante el espectador un producto cercano a la perfección, demostrando una gran dosis de oficio y sabiendo enriquecer la propia creatividad con una serie de planos y virtuosos movimientos de cámara, provocando un verdadero festival de sensaciones, donde nadie se puede sentir indiferente.

Nos encontramos con un realizador lleno de garra y en ocasiones de genialidad, no escondiendo la muestra de una cierta personalidad atormentada, consiguiendo dotar al filme de pulso vital, detalle, nervio y solicitud técnica, condimentando todo con un importante tiento narrativo. A pesar del notorio carácter personal de la película, se puede observar una apreciable influencia del «Realismo Poético» de los 30, el «Neorrealismo» de finales de los 40 y en maestros como el español Luis Buñuel.

El guión del sempiterno Clouzot y él más discreto Géronimi, se muestra desconcertante pero a la vez simple, destilando tensión, suspense e intensidad dramática, convertido al final en una auténtica odisea desgarradora y reflejo de una insólita metáfora sobre la existencia humana, no obviando elementos nihilistas sumamente perturbadores y con una crítica, en momentos tremendamente incisiva, a las formas más salvajes del capitalismo; por otra parte se añade unas estampas provistas de gran expresividad por parte de Thirard en un blanco y negro fulgente, una musicalización alcanzando un «crescendo» pavoroso fruto de la batuta de Auric y un montaje ducho, provisto de numerosos recursos consecuencia de la profesionalidad de Gug, Muse y Rust. En las interpretaciones por parte de los figurantes cabe despuntar a Ives Montand en la piel de Mario, regalando la mejor glosa de toda su fecunda carrera, Charles Vanel recreando a Jo, en una elocuencia formal digna de elogio, el alemán nacionalizado estadounidense Peter van Eyck transfigurándose en Bimba, con una compostura explícita altamente llamativa, características repetidas por el transalpino Folco Lulli, asumiendo el rol de Luigi.

La cinta de Henri-Georges Clouzot fue objeto de dos importantes «remakes» por parte de Hollywood como «Carretera Violenta», también conocida como «Autopista del Infierno» dirigida por Howard W. Koch en 1.958 y «Carga Maldita» con realización del gran Willian Friedkin en 1.977, donde sólo seis años antes había alcanzado la gloria con su inolvidable » The French Connection (contra el imperio de la droga)».

One Response to “El salario del miedo”

  1. Tiene un gran sentido estético en cada fotograma. Yo la veo como un auténtico goce para los sentidos.

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