La Naranja Mecánica.

martes, agosto 7th, 2018

Comercializada oficialmente el 19 de diciembre de 1.971, significaba la cuarta película de producción británica de Stanley Kubrick tras «Lolita» en 1.962, «¿Telefóno rojo?, volamos hacia Moscú» en 1.964 y «2.001, Odisea del espacio» en 1.968; contando esencialmente para este proyecto con el apoyo económico de la «Hawk Films», creada por el mismo Kubrick, «Polaris Production» y la «Warner Bros», encargada así mismo de la distribución junto con la «Columbia Pictures», a Si Litvinoff y Maz L. Raab como productores ejecutivos, a John Alcott como operador jefe, a Russel Hagga y Peter Sheilds como directores artísticos, a Milena Canonero como diseñadora del vestuario, a Wendy Carlos como compositora original y a Bill Butler como editor; por otra parte se nutre de un interesante y amplio casting donde tienen cabida nombres como Malcom McDowell, Warren Clarke, Michael Tarn, James Marcus, Philip Stone, Sheila Raynor, Michael Bates o Mariam Karlin

Con un libreto escrito por el propio maestro neoyorkino basándose en la novela «A Clockwork Orange», traducida a la lengua castellana como «La Naranja Mecánica» perteneciente al autor inglés Anthony Burgess, donde sigue la tradición de obras distópicas procedentes de las «Islas» como «Un Mundo Feliz» de Aldous Huxley y «1.984» de George Orwell. Ambientada en una ciudad de Londres futura se sigue el ciclo vital de un joven adolescente llamado Alex y sus inclinaciones individuales de escuchar impulsivamente música de Beethoven, una violencia descontrolada y sexo sin compromiso, ni tapujos; su carácter carismático y tendencias sociópatas le hace ser el líder de una banda juvenil de la que también forman parte Pete, George y Dim; en una noche tras consumir en un bar un extraño brebaje formado por una combinación entre leche y «veloncentina» todos los chicos se dedican a apalear salvajemente a un mendigo, enfrentarse con una pandilla rival en un teatro abandonado o entrar en la casa de un escritor y violar a la esposa delante de sus ojos. Pasados unos días el grupo intenta forzar de nuevo a una señora adinerada en el domicilio de ésta, que en su defensa golpea a Alex con una estatuilla y el rapazuelo irreflexivamente agrede a la fémina con un objeto de porcelana; ante la presencia sorpresiva de la Policía, los muchachos huyen apresuradamente de la vivienda pero Dim en venganza por antiguos encontronazos sacude con una botella en la cara de Alex dejándolo momentáneamente ciego. La mujer muere poco después y Alex es sentenciado a 14 años de cárcel por homicidio y tras una supuesta rehabilitación dentro de las instituciones penitenciarias es elegido por las autoridades para el llamado «Tratamiento de Lodovico», un programa piloto basado en la experimentación del psicólogo y fisiólogo ruso Iván Pávlov con el objetivo de desterrarle las conductas coercitivas.

Desde el momento de su primer estreno, la cinta fue origen de una agria polémica por su excesivo ensañamiento, prohibiéndose su exhibición en determinados estados como la España franquista o su clasificación «X» en Norteamérica. Ante la imitación de las conductas de los sujetos protagonistas en determinados casos acaecidos en Reino Unido, Kubrick ordenó a su distribuidora la no exposición del trabajo en el país, veda que sólo fue retirada después de la muerte del realizador el 7 de marzo de 1.999.

Con todo ha sido un filme con apreciable reconocimiento académico, recibiendo las nominaciones de los premios BAFTA en 1.972 de «Mejor Película», «Mejor Dirección», «Mejor Guión Adaptado», «Mejor Banda Sonora Original» y «Mejor Montaje», casi idénticas candidaturas en la noche de los «Oscars» del mismo ejercicio, siendo la gran triunfadora en aquella velada » The French Connection (contra el imperio de la droga)» de William Friedkin.

Desde un punto de vista meramente creativo podemos observar un producto soberbio y fascinante, con aspectos muy bien logrados y adelantados a su tiempo; podemos deleitarnos en un uso efectista del lenguaje cinematográfico, provisto de exigencia intelectual y sumamente provocativo; también hay una búsqueda malsana a los orígenes del exabrupto a veces confundido con el propio arte.

Con una gran importancia de la estética que nunca resta esencia a la misma narración, llena de connotaciones contraculturales y no molestándose en ocultar una cierta morbosidad, enriquecida en un mar de transgresión, extravagancia, audacia, acidez, ironía, incomodidad, ambigüedad y refinamiento. Se convierte con los minutos en una auténtica sinfonía fílmica, llena de momentos enteramente sugestivos.

Kubrick se muestra como un realizador magistral, fuertemente inspirado, imaginando más que rodando, abusando de la variación de planos y ángulos, enriqueciéndose en ingeniosos «travellings», pudiendo de este modo exhibir ante el espectador grandes trances de plenitud descriptiva en un producto plenamente personal, capaz de crear todo un cosmos inventivo.

El libreto es extremadamente fiel a la novela original, estando dotado de una interesante faceta imbuida de análisis patológico, filosófico y sociológico, revelando una fuerte carga crítica no sólo contra el sistema, si no también contra la misma sociedad, dentro de una visión enteramente pesimista, en una perfecta encarnación de la pérdida de valores de las colectividades contemporáneas; se muestra a una juventud sin horizontes ni inquietudes, en unos personajes perfectamente delimitados y a la vez perspicaces. A ello podemos añadir una fotografía de Alcott con un notorio predominio de la luz natural permitiendo no llamar excesivamente la atención sobre si misma, unos decorados de Hagga y Sheilds muy acorde con la época setentera aunque cayendo en una especie de limbo intemporal, características que se repite en el guardarropía de Canonero, con notables influencias extra-cinematográficas, una orquestación de Wendy Carlos llamativamente espectacular, añadiendo arreglos de piezas de autores clásicos como Beethoven, Rossini y Purcell, al lado de un montaje de Butler especialmente habilidoso y lúcido.

Mención aparte nos merece las interpretaciones, destacando a Malcolm McDowell (Alex), en uno de los mejores papeles de toda su carrera, repitiendo en algunos tics la rebeldía que había mostrado en «IF» de Lindsay Anderson en 1.968, junto con la autenticidad exhibida por Warren Clarke (Dim) y Michael Tarn (Pete), acompañada de la siempre importante corrección formal por parte de James Marcus (Georgie) y Philip Stone (Padre de Alex).

Como dato curioso, se le llamó «La Naranja Mecánica» a la selección nacional de futbol de los Países Bajos en la década de los 70, debido al color de su equipamiento oficial, acorde con el viejo estandarte de la familia Orange-Nassau, poseedora del trono holandés desde el siglo XVII; conjunto que destacaba por inventar la presión adelantada, jugando con los extremos e intercambiando las posiciones dentro del campo, donde deslumbraban figuras como Johan Cruyff, los gemelos René y Willy van de Kerkhof o Johan Neeskens y dotada de cierto halo de maldición por sólo el haber logrado los subcampeonatos en los Mundiales de Alemania Federal en 1.974 y Argentina en 1.978.

2 Responses to “La Naranja Mecánica.”

  1. No es una glorificación de la violencia, es ante todo un acercamiento al ensañamiento como elemento de altas posibilidades estéticas.

  2. Es una de las grandes joyas de la Historia del Cine. Película llena de brillantez artística e intelectual. Kubrick en estado puro, donde pudo llegar a la genialidad absoluta. Es una de mis filmes favoritos y siempre figura en mis Top-10 personales.

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