La caja de Pandora

martes, mayo 1st, 2018

A finales de los 20 se funda en Berlín la «Nero-Film AG», compañía cinematográfica que bien pronto destacaría por lo novedoso de sus propuestas y a la vez una meritoria cercanía a los gustos de la concurrencia más mayoritaria, suponiendo desde el principio una auténtica alternativa a la poderosa y omnipresente «UFA», hegemónica en el mundo del celuloide alemán desde el final de la «Gran Guerra». La verdadera «alma mater» de la productora era sin lugar a dudas Seymour Nebenzal, un joven ejecutivo sobresaliendo por su carácter acometedor, gran instinto para el beneficio empresarial y tacto con los profesionales del ramo.

Uno de los primeros proyectos de la sociedad fue «Die Büsche der Pandora», conocida en el mundo castellano-hablante como «La caja de Pandora», con estreno en la capital de Alemania el 30 de enero de 1.929 y contando principalmente con las labores de Georg Wilhelm Pabst como director, Günther Krampf como operador jefe, Andrej Andrejew, Ernö Metzner y Gottlieb Hesch como decoradores, encargado éste último también del diseño de vestuario, Peer Raben como compositor de la banda sonora original y Joseph Fleisler como montador; al lado de un amplio y variado elenco actoral donde destacaban las figuras de Louise Brooks, Fritz Kortner, Francis Lereder, Carl Goetz y Alice Roberts.

Con un guión del mismo Pabst al lado del húngaro Ladislaus Vajda, basado en las piezas teatrales «El espíritu de la tierra» y «La caja de Pandora» del dramaturgo hannoveriano Frank Wedeking, donde se narra la historia de Lulú, una artista de variedades, cuyo carácter desenvuelto y aptitud promiscua provoca la disipación de cuantos la han conocido, haciendo recordar el mito griego clásico; como la semblanza era ampliamente conocida por el «Gran Público» del momento, al comercializarse con anterioridad unas cuantas versiones musicales sobre las tablas y el haber sido llevada a fotogramas en 1.921 con dirección de Arzén von Cserépy y protagonizada por la gran Asta Nielsen, los libretistas se toman una serie de libertades narrativas buscando una palpable particularidad, trasladando una acción desarrollada en las obras originales a finales del siglo XIX, a un universo contemporáneo y cosmopolita, sucediéndose la presentación de una serie de insólitos personajes como el editor de periódicos Dr Schön, marido de Lulú y tras su oscuro suicidio la mujer es acusada erróneamente de asesinato, siendo ayudada a escapar de la Justicia por Alwa, el hijo adulto del hombre de negocios, el enano Schugolch, supuestamente un antiguo proxeneta y la condesa Geschwitz, posible amante lesbiana de la infortunada muchacha. Tras pasar unos meses en un garito ilegal de París ejerciendo la prostitución, Lulú se trasladará a un navideño y rutilante Londres, donde sera inmolada cruelmente por Jack «El Destripador».

Significaba el 8 título del austriaco Georg Wilhelm Pabst, que se había iniciado en la realización con los filmes de producción alemana «El Tesoro» en 1.923, «La condesa Donelli» en 1.924, «Bajo la máscara del placer» en 1.925, una de los primeros trabajos de Greta Garbo como figurante y antes de su llegada a Hollywood, «Misterios de un alma», «No se juega con el amor», ambas en 1.926, «El amor de Jane Ney» en 1.927 y «Crisis» en 1.928; con todo este bagaje Pabst, sin llegar a disfrutar de la fama y del reconocimiento profesional de eminencias como Fritz Lang o Friedrich Wilhelm Mornau, se había hecho un hueco en el sector audio-visual del país.

El director nos ofrece una creación de fuerte profundidad, dotada de gran sobriedad y realismo, empezándose a alejar de los postulados «expresionistas» dominantes en el cine alemán de los años inmediatamente anteriores. Podemos observar un ejercicio lleno de hechizo y clarividencia a la vez, cargadas de escenas anticonvencionales y dotada de una narración muy bien hecha, no decayendo en ningún momento.

Puede llamarnos la atención su fuerte vehemencia, consecuencia intrínseca por las características de película muda, donde parecía que el mismo «Séptimo Arte» empezaba a encontrar un lenguaje propio, alejado tanto de las «Artes Escénicas» como de la literatura, evolución que quedó abortada por la aparición del sonido. Con todo se nos ofrece un resultado muy bien logrado en en el aspecto técnico, poseyendo una inequívoca expresión subjetiva y sumergida en una cuidada composición de encuadres, consiguiendo superar las mismas limitaciones de la época.

Con la clarividencia siempre artificial que nos regala la perspectiva histórica, tenemos el arbitrio de percibir en la cinta a una sociedad convulsa, llena de certidumbres, con un régimen republicano cada vez más inestable y con un nacional-socialismo convertido en un inequívoco movimiento de masas, con indisimulada disposición para tomar el poder y hacer su revolución; como respuesta a esta especie de lance, los responsables del filme se deslizan por unos vericuetos ideológicos, mayoritariamente izquierdistas, más anarquizantes que marxistas, deseando mostrar una colectividad envilecida en todos sus estamentos.

El guión de Pabst y Vadja es sugestivo, alcanzando una notoria complicidad con el «respetable», la fotografía de Krampf es mágica, con un uso lleno de perspicacia de sombras y lineas verticales, la ambientación de Andrejew, Metzner y Hesch es extraordinaria acaparando una modernidad asombrosa, característica repetida en el guardarropa del mismo Hesch, la música de Raben se manifiesta decisiva en el desarrollo dramático, el montaje de Fleisler resulta preciso y apabullante, con un maravilloso manejo del ritmo. La dirección de actores es sublime, permitiendo la exhibición de personalidades como la estadounidense Louise Brocks, dentro de un rol extremadamente heterodoxo, compaginando una sensibilidad exquisita con una chocante voluptuosidad y dotada de un poder erótico sin precedentes, a lo que sumamos una serie de interpretaciones extremadamente adecuadas por parte de Fritz Kortner, Francis Lederer y Carl Goetz, exponiendo una sarta de personajes lúgubres, despreciables y miserables, al lado de la calculada ambigüedad de Alice Roberts.

El 2 de junio de 1.937 se presenta oficialmente en el Teatro de ópera de Zúrich la composición póstuma del vienés Alban Berg «Lulú», con notables influencias tanto de las primigenias creaciones de Frank Wedekind como de la labores cinematográficas de Arzén von Cserépy y Georg Wilhelm Pabst.

One Response to “La caja de Pandora”

  1. Una producción realista superando el Expresionismo y con nuevas formas creativas en el cine germano, elementos que quedarían abortados con la subida al poder de los nazis.

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