Y la nave va

viernes, marzo 9th, 2018

En las vísperas de la «Gran Guerra» a principios del verano de 1.914, el «Gloria N.» un vapor con bandera italiana zarpa desde el puerto de Nápoles con el objetivo de alcanzar la mítica isla de Erimo, en el Egeo, residencia favorita durante algún tiempo de la famosa diva del «Bell Canto» Edmea Tetua recientemente fallecida. Sus cenizas deben ser arrojadas al mar y muy cerca de la costa de lo que fuera su hogar. Para dar este ultimo adiós a la figura se reúne una ilustre y variopinta colectividad, formada por familiares de la cantante, miembros de la realeza y la nobleza como el alemán gran duque de Harzock que asemeja a un niño obeso gigante, cuya pérfida y ciega hermana, la princesa gran ducal Lherimina, plantea destronarlo con la complicidad de su amante, el primer ministro de aquel pequeño estado, un misterioso jeque árabe acompañado por todo su harén, el italiano conde Bossano donde ha transformando su camarote en un verdadero templo dedicado a la añorada eminencia, el inglés Sir Reginald Dongby, con marcadas tendencias voyeristas y obsesionado en espiar a Lady Violet, su ninfómana esposa y sobre todo admiradores y también rivales de Tetua, siendo los casos de los compositores Albertini y Rubetti, los solistas Sebestiano Lepori y Ines Ruffo Saltini, el barítino ruso Ziloev, cuya potente voz pude hipnotizar un pollo, aparte de la amargada soprano Ildebranda, siempre buscando el secreto de la voz de su émula. Asimismo nos encontramos con un reportero de origen transalpino de nombre Orlando, cuyas sagaces e irónicas crónicas sirven de hilo conductor entre los diferentes sujetos. Un olor nauseabundo procedente de la bodega hace descubrir a un extraño rinoceronte enfermo de amor, siendo el animal llevado a cubierta para ser lavado y devuelto de nuevo a los bajos donde se le facilita agua fresca y heno. Mientras tanto en tierra firme, en la ciudad bosnia de Sarajevo es asesinado el archiduque de Austria y heredero al trono imperial, provocando un ultimátum por parte de Viena contra el gobierno de Belgrado, ocasionando el comienzo de la gran conflagración mundial, ecos que bien pronto cercan a nuestro buque, donde se encuentra de imprevisto en alta mar a un numerosísimo grupo de refugiados serbios en balsas, huyendo hacia la península italiana tras el comienzo de las hostilidades bélicas, siendo rescatados por orden del capitán y ocupando posteriormente toda la cubierta del barco. Días después aparece en el horizonte un destructor austro-húngaro exigiendo al máximo responsable de la tripulación la entrega de los náufragos, negándose en redondo todos los pasajeros, provocando de este modo el hundimiento de la embarcación como consecuencia de la acción de un torpedo enviado por la Armada Imperial.

Con todo este cosmos Federico Fellini crea su película, recibiendo el título de «E la nave va», traducido a la lengua de Cervantes como «Y la nave va», siendo un esfuerzo conjunto del audio-visual de Italia y Francia, contando con la participación de la «RAI», la Radio y Televisión pública del país transalpino, la romana «Vides Cinematografica» y la parisina «Gaumont», encargada también de la distribución, con la producción de Franco Cristaldi, el libreto original del mismo Fellini, al lado de Roberto De Leonardis, Catherine Breillat y Tonino Guerra, la fotografía de Giuseppe Rotunno, los decorados de Dante Ferreti y Valeriano Trubbiani, encargados éste último igualmente de los efectos especiales, el vestuario de Maurizio Millenotti y el montaje de Ruggero Mastroianni; aparte de ello un amplísimo y cosmopolita reparto formado principalmente por Fiorenzo Serra, Pina Bausch, Philip Locke, Pascalle Zito, Peter Cellier, Norma West, Freddi Jones, Barbara Jefford, Victor Peletti, Elisa Mainardi, Linda Polan, Paolo Paoloni, Sara Jane Varley, Boris Carmeli o Elizabeth Norber- Schulz.

Se presenta fuera de concurso en la edición de 1.983 del «Festival de Venecia», donde consigue una ovación de 15 minutos, produciéndose su estreno oficial ante el público en general el 7 de septiembre en curso. Bien recibida por la «Crítica», muy pronto tendría un merecido reconocimiento académico al ser la gran triunfadora en la noche de los «David de Donatello» en 1.984, al obtener los galardones de «Mejor Película», «Mejor Guión» en Fellini, De Leornadis, Breillat y Guerra, «Mejor Fotografía» en Rotunno y «Mejor Escenografía» en Ferreti y Trubbiani, a la par de quedar nominada como «Mejor Cinta en habla no inglesa» para los «Oscars» de aquel ejercicio.

Podemos observar un producto bastante cercano a los postulados estéticos de filmes anteriores del genio de Rímini como «Fellini ocho y medio» en 1.963, «Guiletta de los espíritus» en 1.965 y «Amarcord» en 1.973, donde la misma pantalla se ve inundada de mágicos momentos, provistos de símbolos, alusiones y alegorías, suponiendo una sublimación de la belleza y brillantemente servida con vida y alma; el autor traslada todos sus sueños y anhelos al mismo «Respetable», acentuando los elementos reflexivos y en determinados instantes queda convertido en un genuino visionario.

Se produce una autentica especulación tanto pasional como inteligente sobre el «Séptimo Arte», abundando un tono nostálgico con gran protagonismo por parte de los recuerdos, dotando una sarta de ocurrencias, algunas inexplicables y todas llenas de segundas lecturas. Fellini busca y encuentra con suma facilidad la metáfora existencial, en una actitud siempre irreverente y burlona, promoviendo un producto poético y melancólico.

La película posee las mismas características que la propia época narrada, mostrándose grotesca, grandilocuente, decadente, bella y onírica, donde el realizador domina su propio estilo y a pesar de un argumento poco sólido, lleno de contradicciones y aristas sin pulir. Podemos observar un mayor interés en recrearse en los mismos personajes, encontrando una tangible comodidad en ellos, mezclándolos con animales y sucesos singulares.

La fotografía de Rotunno posee corazón y a la vez prestancia, los decorados de Ferreti y Trubbiani están provistos de hechicería , el vestuario de Milloneti es distinguido y llamativo, los efectos especiales del mismo Trubbiani son un auténtico tributo a las Artes Escénicas y la edición de Ruggero Mastroianni, hermano del gran Marcello, donde ya había destacado con luz propia en «Muerte en Venecia» de Luchino Visconti en 1.971, es precisa y elegante. Dentro de las glosas de los figurantes debemos destacar a Fiorenzo Serra (Gran Duque) especialmente mordaz, la coreógrafa alemana Pina Bausch (Lherimina) fría y distante, el británico Peter Cellier (Sir Reninald) muy convincente, la sudafricana Norma West (Lady Violet) recreando todo un carácter o el también británico Freddie Jones (Orlando) fundamentalmente locuaz.

En 1.986 Federico Fellini logra estrenar «Ginger y Fred», su ultima cinta, un auténtico testamento tanto fílmico y vital, protagonizado por Giulietta Masina, la verdadera mujer en la existencia del autor junto con Marcelo Mastroianni, el genuino actor-fetiche del emiliano-romaño. Fellini nos dejó un 31 de octubre de 1.993, dejando tras de si una profunda marca en todos los aficionados en aquel loco y a la vez soberbio arte que conocemos como el «Cine».

2 Responses to “Y la nave va”

  1. Película decandente, pero en el buen sentido del término. Representa con ironía, sarcasmo y elegancia el fin de toda una época que se hizo trizas al estallido de la Gran Guerra.

  2. Película decadente, pero en el buen sentido del término. Representa con ironía, sarcasmo y elegancia el fin de toda una época que se hizo trizas al estallido de la Gran Guerra.

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