Largo domingo de noviazgo

sábado, marzo 31st, 2018

Su estreno en París el 27 de octubre de 2.004 venía después de una gran expectación, ya que suponía la repetición del tándem formando por Jean-Pierre Jeunet y Audrey Tautou, como director y actriz principal respectivamente y detrás del éxito sin precedentes de «Amélie», comercializada en 2.001, uno de los trabajos más significativos del nuevo milenio y poseedora de una gran repercusión extra-cinematográfica.

Resultaba un proyecto ambicioso tanto económicamente como artísticamente, contando con la financiación de las francesas «2003 Productions» «Tapioca Films», «TF1 Films» y «Canal Plus», al lado de la «major» estadounidense «Warner Bros», asimismo encargada de la distribución, con la producción de Francis Boespflug, Bill Gerber, Jean-Louis Monthieux y Fabienne Tsaí, la realización de Jean-Pierre Jeunet, la fotografía de Bruno Delbonnel, la dirección artística de Aline Bonetto, el vestuario de Madeline Fontaine, la música de Angelo Badalamenti, la edición de Hervé Schneid, añadiendo un amplio y sugestivo casting donde destacaban intérpretes de la categoría de Andrey Tautou, Gaspard Ulliel, Dominique Pinon, Marion Cotillard, Clovis Cornillac, Jérome Kircher, Chantal Neurirht, Albert Dupontel, Denis Lavant, Francois Levantal, Jean-Pierre Becker y sin podernos olvidar de la colaboración especial de la norteamericana Jodie Foster.

Con un guión del mismo Jeunet junto a Guillaume Laurant, basado en la novela del escritor marsellés Sébastien Japrisot «Un long dimancheartist de fianacailles», traducida al castellano como «Largo domingo de noviazgo» y expuesta en librerías desde principios de septiembre de 1.991. Se trataba de una composición eminentemente tierna y sentida, comenzando la acción al final de la I Guerra Mundial, donde una joven bretona llamada Mathilde recibe la noticia que su prometido Manech es uno de los cinco soldados sometidos a juicio sumarísimo por parte de un tribunal militar acusados de mutilación voluntaria y enviados a «tierra de nadie», delante de la líneas alemanas, suponiéndoles una muerte segura. Mathilde es huérfana de padres, habiendo sido criada por sus tíos Sylvian y Bénedicte en una granja, sufriendo desde la infancia una llamativa minusvalía física a causa de la «Poliomielitis» y destacando por un fuerte carácter optimista. No aceptando el posible destino de su pareja, decide buscarlo, emprendiendo un afanoso periplo, tanto somático como espiritual, a pesar de las noticias cada vez más desesperanzadoras y luchando contra el escepticismo de sus familiares más cercanos, la grotesca burocracia del estado y unos extraños asesinatos de los mandos militares relacionados con la condena de los llamados a filas, agravando ya de por si las investigaciones. A medida que se acerca a la verdad sobre los desafortunados combatientes, conocerá de primera mano las infamias de la conflagración y las huellas imborrables producidas en la psique de los contendientes.

Jeunet nos muestra un increíble derroche de imaginación, en una hermosa maniobra de imágenes y sonidos, con planteamiento y desarrollo ingenioso, donde entran en juego los mismos sentidos, originando de este modo una plasticidad capaz de arrollar toda la pantalla. Por otra parte se siente dotado para crear una extraordinaria atmósfera, exponente de todo un personal universo fílmico.

Nos encontramos con un producto fascinante, lleno de luz, poesía y romanticismo, pudiéndose contemplar con aguda serenidad, en una delicadeza fuera de común, bastante extraña en trabajos cinematográficos contemporáneos y con uno de los pocos directores con sello propio que han podido sobrevivir al codicioso economicismo de la industria audiovisual.

La narración se muestra contundente y dinámica, con notable utilización de analepsis, obligando la introducción de escenas en blanco y negro, con el objetivo de adaptarse a una serie de fotografías e imágenes filmadas de época, incluyendo la ejecución real de una mujer en la guillotina, adquiriendo de esta manera un tono documental e histórico. A lo que añadimos una «voz en off» en tercera persona dando una visión subjetiva de los acontecimientos y enderezando la misma descripción.

El libreto de Jeunet y Laurant mantiene los planteamientos iniciales de la obra de Sébastien Japrisot, a pesar de ciertas modificaciones en el argumento, mezclando drama, misterio, romance y guerra, donde no se duda en mostrar rasgos y detalles humorísticos, disparatados y en algunos momentos hasta escabrosos de los sujetos, con indudable saturación de subtramas y una variedad asombrosa de nombres produciendo cierto embrollo al espectador; con apreciable influencia del «Realismo Mágico», se retuerce y en circunstancias se idealiza la sustantividad, acaparando un vistoso equilibrio entre géneros.

Los fotogramas de Delbonel son un auténtico derroche visual, llenos de colores intensos, adquiriendo en determinados tramos vida propia, los decorados de Bonetto están provistos de un encanto especial, el guardarropa de Fontaine es vistoso y fulgente, la banda sonora de Badalamenti es apabullante y llena de instantes singulares, junto a un montaje de Schneid muy preciso, adjudicando un papable sentido del ritmo. Dentro de las interpretaciones resultan portentosas en los personajes principales, destacando a Audrey Tautou, encarnado a Mathilde, provista de una gran dosis de carisma, en un rol donde mezcla sabiamente la dulzura y la terquedad, con algunas poses que hacen recordar su anterior trabajo, Gaspard Ulliel, en la piel de Monech, entonces casi un adolescente, transmitiendo ingenuidad y bonhomía, Dominique Pinon, transfigurándose en Sylvian, el ejecutante fetiche de Jeunet, mostrando una gracia dotada de gran naturalidad, junto con las glosas llenas de competencia y saber estar por parte de Marion Cotillard, Clovis Cornillac, Jéroma Kircher o Jodie Foster.

«En la noche de los «Cèsar» en 2.005, la cinta acaparó los galardones en las especialidades de «Mejor Actriz de reparto» en Marion Cotillard, «Mejor Actor de promesa» en Gaspard Ulliel, «Mejor Fotografía» en Bruno Delbonnel y «Mejor Vestuario» en Madeline Fontaine. También consiguió las nominaciones de los «Oscars» en aquel año con los apartados de «Mejor Dirección Artística» y «Mejor Operador».

One Response to “Largo domingo de noviazgo”

  1. Supera a «Amélie» en muchos aspectos. Desde mi punto de vista es una obra llena de creatividad y buen hacer.

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