Pépé le moko.

sábado, octubre 14th, 2017

En esta producción francesa de 1.937 podemos encontrarnos con una verdadera joya fílmica, provista de un gran ingenio, con dirección precisa y sumamente expresiva; vista por muchos como uno de los ejemplos más fidedignos del denominado «Realismo Poético», aquel movimiento dentro del «arte del celuloide» surgido en el país galo, con una prevalencia de los ambientes populares y sórdidos, en sujetos llenos de desarraigo a la par de fatalismo y con importancia capital del guión; por otra parte también se ha contemplado la cinta como precursora del llamado «Cine Negro», que tendría su cenit una década más tarde.

Simbolizaba la película 42 de Julien Duvier, realizador nacido en la ciudad de Lille el 8 de octubre de 1.896, convertido junto con Jean Vigo, René Clair y Marcel Carné, en uno de los cineastas más notables de los años 30 en Francia; para este proyecto cuenta con el apoyo económico de «Paris Film», la fotografía de Jules Kruger y Marc Fossard, los decorados de Jacques Krauss, la música de Vicent Scotto y Mohamed Igerbouchène y el montaje de Marguerite Beaugé; se dota de un amplio casting donde tienen cabida las personalidades de Jean Gabin, Mireille Balin, Line Noro, Lucas Gridoux, Fernand Charpin, Gabriel Gabrio, Charles Granval o Fréhel. Con rodaje en Argel, Marsella y Séte para las escenas exteriores y en los estudios de la mítica «Pathé», para los interiores en la urbe de París.

El libreto está basado en la novela policíaca de análogo título de Henri La Bargthe, que interviene en el mismo junto con Jacques Constant y Henri Jeanson, intentando contar la historia de Pépé, un hampón parisino que ha huido de su tierra chica y se esconde de las autoridades que le persiguen en la «Casbah», el barrio musulmán de Argel, un laberinto de callejuelas y terrazas, establecidas sin orden ni concierto urbanístico. El arrabal se convierte en refugio y a la vez cárcel para el delincuente, que empieza ser conocido por los habitantes del lugar con el sobrenombre de «Le mokó», tal como designaban los nacidos en Argelia, fueran de religión islámica o de origen europeo, a los provenientes de la Francia metropolitana y vocablo surgido en un primer momento para los originarios de la población portuaria de Tolón. Desde hace algún tiempo el inspector Slimane, jefe de la policía local, está tras su pista y se desespera ante no poder atrapar al tunante debido a las complicidades que éste último ha creado en el distrito; pero las circunstancias cambian cuando Pépé se enamora perdidamente de una turista procedente de la capital llamada Gaby y acompañante de Maxime, un vulgar hombre de negocios; la presencia de la mujer le hace sentir nostalgia de la ciudad del Sena, ardiendo en deseos de abandonar su «jaula de oro», provocando asimismo los celos de su amante actual, la gitana Inés, eventualidades que aprovechará el astuto Slimane en poder detenerle definitivamente; la hermosa Gaby se transfigura en un elemento tanto de esperanza como de perdición para el forajido.

En la mudanza de todo este cosmos a fotogramas nos podemos encontrar una fusión entre lo común y lo más vanguardista, en una labor redonda, perfecta y única, primando una verdadera exaltación del propio «Séptimo Arte», la vida y el amor, dentro de un planteamiento despiadado y duro, pero a la vez maravilloso. Duvier se siente poseedor de una dirección precisa, con gran pericia técnica y planificación insuperable.

Ante todo, él de Lille es un gran creador de atmósferas, abasteciéndolas de magia y misterio y donde el ambiente de la «Casbah» es todo un personaje en si mismo, exhibiendo una dimensión colorista, multifacética y dinámica, con esa fusión entre lo francés, lo indígena, tanto árabe como beréber, además de lo español e italiano, en una especie de «melting pot» mediterráneo. Es de destacar como realizadores posteriores como el transalpino Gillo Pontecorvo, en su inolvidable filme «La batalla de Argel» en 1.965, utiliza ese mismo barrio en un macabro y sangriento marco de guerra sucia.

Duvier se recrea en elementos antropológicos, en ocasiones con un estilo casi documental y que visto contemporáneamente puede resultar etnocentrista y pro-colonial, creando una imagen exótica y a la vez compleja. Aparte de ello podemos vislumbrar una notable influencia del «Expresionismo» del periodo de la «Républica de Weimar», primando una exteriorización subjetiva y en ciertos puntos irracionalista, sazonada con una visión romántica y a la vez pesimista del ser humano, en un preciso desaliento bastante frecuente en los directores galos del momento, como si previeran la cercana derrota militar de su nación de aquella primavera aciaga de 1.940.

El guión de La Bargthe, Constant y Jeason, resulta muy bien desarrollado, provisto de diálogos extraordinarios y momentos brillantes, con la habilidad de saber crear un suspense, las imágenes de Kruger y Fossard están provistas de encanto, con un blanco y negro lleno de sugerentes matices, una esceongrafía de Krauss evocadora, al lado de una edición de Beaugé especialmente ducha; en las interpretaciones destaca sobre todo el espléndido Jean Gabin, casi convertido en un verdadero icono, creando todo un arquetipo, dentro de un perfil encantador, peligroso, inteligente y brutal, acompañado por Mireille Balin provista de lujo y seducción y sin poder ignorar las grandes glosas de Line Noro, Lucas Gridoux, Fernand Charpin, Jean Temerson y la cantante de origen bretón Fréhel, un verdadero símbolo de la Francia de entreguerras y antecesora de Edith Piaf.

La película desde el primer momento de su primera presentación cosechó unos buenos resultados en taquilla, tanto en su país de origen como en el resto de Europa; en Estados Unidos en cambió no se mostró en público debido a la compra de los derechos de autor por parte de la «United Artists», dando como resultado la filmación del «remake» «Argel», estrenado oficialmente en 1.938, realizado por John Cromwell, protagonizado por el galo afincando en Norteamérica Charles Boyer como Pépé y la austriaca Hedy Lammar encarnándose en la piel de Gaby, siendo el primer papel de su carrera en Hollywood; en 1.948 se pone el marcha «Casbah», una versión musical de la crónica, con dirección de Jonh Berry y la participación de Tony Martin e Yvonne de Carlo; finalmente como anécdota simpática hemos de reseñar que el rol de Pépé inspiró al cartoon de la «Warner» Pepe Le Pew, una parodia de la visión que tenía el estadounidense medio del seductor de origen francés.

2 Responses to “Pépé le moko.”

  1. Maravilloso el Realismo Poético. Y en filme es donde llega a su plenitud.

  2. Da una visión mágica de una ciudad fascinante como era el Argel colonial.

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