La noche de San Lorenzo

domingo, septiembre 24th, 2017

Lo que los anglo-sajones denominan «The two headed director», algo así como «Dirección bicéfala», es una colaboración entre dos realizadores en la elaboración de un filme; ejemplos de este fenómeno lo tenemos a lo largo de la ya centenaria historia del «Séptimo Arte», en títulos como «El hombre mosca» en 1.923, de los estadounidenses Fred C. Newmeyer y Sam Taylor, «El ladrón de Bagdad» en 1.940 de los británicos Michael Powell y Tim Whelan o «Performance en 1.970 de los también británicos Donald Cammell y Nicolas Roeg. Aunque lo más relevante de esta contribución son en las coparticipaciones a lo largo del tiempo en diferentes proyectos por parte de profesionales con vínculos familiares, como son los casos de los estadounidenses Joel y Ethan Coen, responsables de sintomáticos trabajos como «Sangre fácil» en 1.984, «Arizona Baby» en 1.987, «Fargo en 1.996 o «The Ladykillers» en 2.004, los igualmente norteamericanos Larry y Andy Wachowski, que han permutado sus anteriores nombres por Lana y Lilly al haberse cambiado de sexo y encargados de la célebre saga «The matrix» y en Europa el paradigma más fidedigno lo atesoramos en los italianos Vittorio y Paolo Taviani.

Vittorio Taviani nació el 20 de septiembre de 1.929 en la pequeña ciudad de San Miniato, en Toscana y su consanguíneo Paolo vio el mundo por primera vez el 8 de noviembre de 1.931 en la misma localidad; Estudiantes los dos de derecho en la universidad de Pisa, aunque inclinados desde el primer momento por las bellas artes y lo audio-visual; es en este etapa, coincidiendo con la dura post-guerra, cuando se les despierta en cada uno el fuerte compromiso político, en este caso hacia el marxismo y desde un punto de vista creativo, una notable influencia por parte de los grandes maestros del «Neorrealismo», especialmente Roberto Rossellini.

En 1.954 realizan su primer documental que lleva por epígrafe «San Miniato, Iuglio’44, desgraciadamente aun no estrenado en ningun país hispano-hablante, con una serie de desgarradores testimonios de la matanza acaecida en aquella urbe en el verano del penúltimo año de la II Guerra Mundial, donde las autoridades militares alemanas de ocupación ordenaran a la población civil concentrarse bajo los muros de la catedral de la localidad y siendo posteriormente el templo objetivo de un ataque con morteros ocasionando el fallecimiento de 52 personas. Las tres primeras investigaciones, dos por parte de las fuerzas armadas estadounidenses y la tercera responsabilidad de la administración local, sostuvieron que los causantes fueran los mandos de la «Wehrmarcht» aunque nuevas pesquisas a principios de este siglo han dictaminado que la acometida surge de las unidades del «Comando Norte» del ejército de Estados unidos, al confundir el «duomo» con un nido de ametralladoras de los germanos.

Los hermanos Taviani continúan su trayectoria en el reportaje fílmico con «L’Italia non è un paese povero» en 1.960, con fuerte naturalismo social y tampoco comercializado en ningún país que tenga como lengua mayoritaria el castellano; su primer largometraje de ficción es «Hay que quemar un hombre» en 1.962, la crónica de un activista siciliano contra la Mafia y en favor de los derechos de los trabajadores, prosiguiendo con la comedia costumbrista «I fuorilege del matrimonio» en 1.963, «Los subversivos», donde se analiza las reacciones de diversos militantes de base del PCI tras la muerte de su líder Togliatti, puesta en funcionamiento en 1.967, «Bajo el signo del escorpión», una novedosa incursión en el «Pléplum» en 1.969, «San Miguel tenía un gallo» en 1.972, la interesante adaptación de la novela de Tolstói «Lo divino y lo humano», «Allonsanfán» en 1.974 cuya acción se centra en la época napoleónica, «Padre Padrone», su mayor éxito internacional, «Palma de Oro» del festival de Cannes de 1.977 junto con el Premio «FIPRESCI» de aquel ejercicio y el drama romántico «El prado» en 1.979

A principios de los 80 tienen la idea de darle otra vuelta de tuerca a los sucesos de San Miniato, denominando al propósito como «La notte di San Lorenzo», que sería conocido posteriormente en España e Hispanoamérica como «La noche de San Lorenzo» contando con el apoyo de la privada «Ager Films» y la estatal «RAI», asumiendo la producción ejecutiva Giuliani G. De Negri, agenciándose de los servicios del decorador Gianni Sbarra, disponiendo de la labor del operador Franco Di Giacomo, procurando la musicalización de Nicola Piovani y obteniendo la edición de Roberto Perpignani; se opta por un amplio casting donde tienen cabida personalidades como Omero Antonutti, la española Margarita Lozano, Claudio Bigagli, Miriam Guidelli, Massimo Bonetti, Enrica Maria Modugno, Sabina Vanucchi, Giorgio Naddi, Renata Zamento o Micol Guidelli.

Se consigue la presencia de la cinta en el «Festival de Cannes» de 1.982, donde acapara el «Gran Premio del Jurado» y el «Premio del Jurado Ecuménico», aparte de la nominación a la «Palma de Oro». El estreno oficial cara al público se produce el 16 de septiembre de 1.982 y en los «David de Donatello» los galardones de la Academia Italiana de Cinematografía en 1.983, donde la obra cosecha los reconocimientos a «Mejor Película», «Mejor Director» en los Taviani, Mejor Producción Ejecutiva»en De Negri, «Mejor Fotografía» en Di Giacomo» y «Mejor Montaje» en Perpignani.

El guión surgido de la pluma de Paolo y Vittorio, junto con De Negri y Tonino Guerra, se centra en la peripecia de una madre que se dispone referir un relato a su hija, coincidiendo con la noche de San Lorenzo, el 10 de agosto, cuando se produce el denominado prodigio de las «Perseidas», una lluvia de meteoros de gran actividad y que en los países de tradición católica se identifica con las lágrimas del mártir de los primeros cristianos; la descripción de la progenitura la lleva a otra noche de estío en 1.944, en su villa natal, cuando había cumplido los seis años, con los vecinos excitados por una parte por las ordenanzas de los nazis y la eventual liberación por parte de los estadounidenses; un grupo de civiles cruza la campiña, desbordando el frente bélico en búsqueda de los líneas aliadas; se producen actos como el bombardeo de la catedral matando a sus fieles, otro grupo de personas regocijándose de una panzada de sandías silvestres, de amigos de toda la vida matándose entre si por odio ideológico o de dos personas mayores que por fin consumen su amor después de varias décadas de deseos no formalizados.

En la traslación de todo este corpus inventivo a fotogramas nos topamos con un producto muy sugestivo, en una divina mezcla de humor, tragedia, poesía, odio, epopeya intolerancia, humanismo, penurias y alegría, dotado a la vez de gran eficacia y pureza expresiva; a lo que se puede sumar un gran impulso ornamental, demostrando el gran genio de los cineastas toscanos, llegados a un momento de plena madurez profesional.

A pesar de tener una avenencia democrática y anti-fascista, el propio genio creativo de Victorio y Paolo les hace llegar más allá de las mismas circunstancias temporales e ideológicas, lo que ocasiona una mayor libertad de creación, con una prevalencia de la puesta en escena. A ello se une una importante reflexión histórica, teniendo en cuenta la misma memoria y también el olvido.

Si en el viejo documental de los 50 está completamente sugestionado por la fuerza de las aserciones, en esta película se alcanza y con relativo éxito, expresar la evolución de este episodio en la evocación de todos, en que el mismo paso del tiempo provoca nubosidad y al ser los recuerdos de una niña se envuelve en un halo mágico y de fantasía, en una atmósfera plenamente onírica.; pero no se pasa por alto todos los horrores de la guerra y más que en el conflicto entre alemanes y aliados, los libretistas se ciernen en la propia lucha civil entre fascistas y anti-fascistas, siendo conscientes que son precisamente estos tipos de disputas crean unas heridas mucho más difíciles de cicatrizar.

Con todo es una exaltación del disfrute de lo cotidiano, prefiriendo lo ordinario sobre lo transcendente, encontrando épica en las raíces mismas de los pueblos, gracias a unos personajes múltiples y pintorescos, provocando desde el primer momento un aureola de empatía por parte del espectador; es en cierto modo una alegoría de la resistencia civil y pacífica que espanta a cualquier tipo de poder.

La escenografía de Sbarra resulta sencillamente maravillosa, convirtiéndose en uno de los elementos con mas fuerza del filme, a lo que añade una fotografía de Di Giacomo especialmente fulgente, en unas estampas provistas de un gran vigor icónico, una banda sonora precisa y melancólica surgida de la batuta de Piovani y terminando con una edición competente de Perpignani. La interpretaciones de los figurantes son sencillamente geniales, donde cada uno parece que ofrece lo mejor de si, destacando al gran Omero Antonutti, sin menospreciar a Margarita Lozano, Claudio Bigagli y Mirian Guidelli.

Vittorio y Paolo Taviani prosiguen deleitando al «Respetable» con cometidos como «Kaos» en 1.984, «God Morning Babilonia» en 1.987, «El sol también sale de noche» en 1.990, «Fiorile» en 1.993, «Las afinidades electivas» en 1.996, «Tu rudi» en 1.998, «Un otro mundo es posible» en 2.001, «El destino de Munik» en 2.007 y «César debe morir» en 2.012.

2 Responses to “La noche de San Lorenzo”

  1. Maravilloso filme . Lo mejor del cine italiano de los años 80.

  2. La verdad es que es grandioso como han transcurrido y han avanzado en la tecnologia cinematografica aunque poco a poco me voy adaptando a la nueva tecnologia que ofrece el cine no me cabe duda mencionar que el cine moderno fue lo mejor

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