El eclipse

jueves, junio 15th, 2017

Michelangelo Antonioni nació el 29 de septiembre de 1.912 en Ferrara, ciudad perteneciente a la región italiana de Emilia-Romaña, en el seno de una familia de empresarios; estudiante de económicas en la universidad de Bolonia, época donde se siente atraído por el «Séptimo Arte», la música y la pintura, colaborando como crítico de cine en el «Corriere Paduano» y en la revista «Cinema». En el año 1.942 terminada su formación superior se traslada a Roma, matriculándose en el «Centro Sperimentale di Cinematografía», donde tendría como compañeros de aula a futuras figuras del ramo de la importancia de Giuseppe De Santis, Dino De Laurentiis o Fernando Cerchio y ante la colaboración de las industrias de la Italia fascista y la Francia de Vichy le permite ejercer como ayudante de dirección de Marcel Carné en la producción de 1.943 de temática medieval «Los visitantes de la noche», en ese mismo ejerció realiza el documental «Gente del Po», que no se pudo editar hasta el año 1.947.

Termina la II Guerra Mundial, escribe en «Italia Libera», «Film d’oggi» y «Film Revista» y es en 1.950 cuando dirige su primer largometraje de ficción «La crónica del amor», una disección concienzuda de la clase burguesa que el propio autor se consideraba parte de ella, premisas que continua con los trabajos «Las señoras sin camelias» en 1.953, «Las amigas» en 1.955 y «EL grito» en 1.957. Con el comienzo de la década de los 60 pone en marcha «La aventura», coproducida con Francia, protagonizada por Gabriele Ferzetti, Lea Masari y Monica Vitti, entonces pareja sentimental de Antonioni, donde se exhibe sus postulados anteriores, aunque añadiendo un marcado carácter vanguardista y vista como el comienzo de una especie de trilogía sobre el denominado «malestar moderno» que prosigue con «La noche» en 1.961, con la participación del gran Marcelo Mastroianni, la musa de la «Nouvelle Vague» Jean Moreau y de nuevo Monica Vitti.

En 1.962 él de Ferrara termina con la serie en «L’eclisse», traducida a la lengua de Cervantes como «El Eclipse», contando con el apoyo de las transalpinas «Cineriz» y «Intereuropa Film», junto con la gala «Paris Film Production», contratando a Gianni Di Venanzo como Operador Jefe, a Piero Poletto como escenógrafo, a Giovanni Fusco como compositor de la banda sonora original, a Eraldo Da Roma como montador; se opta por un llamativo casting donde tiene cabida intérpretes como la sempiterna Monica Vitti, Lilla Brignone o Rossana Rory, al lado de los franceses Alain Delon y Louis Seigner, junto con el español Franciso Rabal.

Con un guión firmado por el mismo Michelangelo Antonioni al lado de Tonino Guerra, Elio Bartolini y Ottiero Ottieri, se intenta revelar una descripción que a primeras no parece muy transcendental sobre los avatares de una joven traductora residente en la capital italiana llamada Vittoria tras romper una relación de pareja llena de convencionalismos y poses sociales con Riccardo y en una visita a la Bolsa para encontrarse con su madre, conoce a un frío y misterioso broker que responde al nombre de Piero, siendo el comienzo de otro nexo amoroso lleno de apatía y desesperanza, sumergidos en un mar de indiferencia y hastío.

La mudanza de todas estas sensaciones a un universo fílmico es desconcertante y a la vez misterioso, llena de una sucesión de imágenes hipnóticas en una verdadera profusión de la fatalidad, con una especie de secreta conexión entre el ser humano y sus pasiones; gracias a un llamativo genio creativo, Antonioni puede mostrar sus ideas y anhelos de forma eficaz, dentro de un estilo personal provisto de matices que le ha permitido entrar con honores en el «Olimpo» de los grandes realizadores contemporáneos.

Nos encontramos con un filme abstracto, donde se desintegra la narración aunque de una forma extremadamente atractiva, mezclando escrupulosamente inteligencia y melancolía en un cosmos de silencios en que hay pocos diálogos pero si mucha expresión cinematográfica, no dando muchas facilidades al espectador pero surtiéndole de creatividad y a veces de provocación e incluso carnalidad.

Podemos observar un relato provisto de simbolismo y emociones reprimidas, donde más que contar una historia se quiere expresar sentimientos en medio de auténticas metáforas visuales y contrastes anímicos, con unos sujetos inundados por lo artificial, en que el vitalismo se ve eclipsado por lo absurdo y la desgana, en un bucle taciturno que parece ser eterno; como muy pocas veces se ha visto, se intenta reflejar la soledad en pareja como símbolo del agotamiento trascendental. Nos puede maravillar que a principios de los 60 pareciera como si el director adivinara los elementos de la «postmodernidad» desarrollada dos décadas más tarde, en una inundación de lo artificial en todo lo cotidiano y con una ciudad de Roma alejada de todo los tópicos, fuera de los bullicios y del desordenado gentío, asemejando casi un decorado de «ciencia-ficción».

Con una cámara muy vivaz a pesar de la profusión de planos estáticos, con barridos que nos hacen recordar a Ophüls y Dreyer, la fotografía de Di Vinanzo resulta espléndida, sazonada por un blanco y negro especialmente fulgente, añadiendo los atractivos decorados de Poletto, la melodía sugerente de Fusco y el montaje de Da Roma expresando eficacia; evocación aparte nos merecen las glosas de los actores, con una Monica Vitti (Vittoria) en su mejor momento de forma y en el más destacado papel de su carrera, lleno de enigma y deslumbramiento, con un Alain Delon (Piero) soberbio en un rol con escasa espontaneidad y falto de humanidad, acompañados por un Francisco Rabal (Riccardo) y Lilla Brignone (Madre de Vittoria) muy acertados y profesionales.

Esta cinta se presenta públicamente en la edición del festival de Cannes de 1.962, obteniendo muy buena acogida por los medios especializados, siendo nominada para la «Palma de Oro» y alcanzando el «Premio oficial del Jurado» de aquel año y suponiendo para su realizador el merecido reconocimiento internacional. La trayectoria artística del Emiliano-romañol continua con interesantes títulos como «El desierto rojo» en 1.964, su primera película con formato en color, «»Blow-up, Deseo de una mañana verano», en 1.966, con rodaje en inglés en la misma ciudad de Londres, «Zabriskie Point» en 1.970 contando con capital estadounidense y con musicalización de «Pink Floyd», «El reportero» en 1.975, filmada en España, «El misterio Oberwald» en 1.980 basado en un relato de Jean Cocteau, «Identificación de una mujer» en 1.982, un nuevo drama costumbrista sobre el manido tema del retraimiento, «Más allá de las nubes» en 1.995 codirigida con el alemán Wim Wenders, sobre cuatro historias de amor en sendas urbes diferentes y «Eros» en 2.004, una sabio conjunto de tres cortometrajes compartiendo la dirección con el norteamericano Steven Soderbergh y el hongkongnes Wong Kar-wai. Fallece el 30 de julio de 2.007, el mismo día donde también abandonara este mundo Ingmar Bergman.

One Response to “El eclipse”

  1. Antonioni es uno de los mayores genios de la historia del cine. Sus filmes son únicos.

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