El triunfo de la voluntad.

sábado, febrero 27th, 2016

Siempre que se quiere analizar este filme, nos encontramos con serias dudas morales, porque al margen de ser el mejor documental polìtico de la Historia y una de las grandes cintas que pudo expresar el cinema, sirviò como eficaz medio de propaganda a una de las ideologìas màs abyectas y aberrantes que ha conocido la humanidad; nos encontramos a una perversidad ofrecida en una fuente casi inagotable de belleza plàstica y sentido aliento poètico, como si la verdadera cara del mal fuera sumamente atractiva.

Es un lugar comùn diferenciar el talento con la del ideario del mismo creador, aunque este sea el camino màs fàcil, donde se tranquilizan las conciencias y se intenta olvidar que muchas veces la inventiva toma forma gracias al credo que le sirve de savia y de pieza inspiradora, en una pasiòn que en ocasiones puede exhibirse màs fuerte que la amorosa o sexual. Es imposible diferenciar los dos ingredientes, como si fueran entes autònomos, cuando en realidad son dos cuerpos simbiòticos, que se nutre uno del otro.

Pero con todo debemos hacer ese ejercicio cìnico e intentar separar los dos componentes, si verdaderamente queremos que el anàlisis de la obra sea lo màs objetivista posible y liberarse, aunque sea sòlo por un pequeño momento, del yerto clichè de la correcciòn polìtica imperante en estos tiempos que nos ha tocado vivir.

«Triumph des Willens», traducida a la lengua de Cervantes como «El Triunfo de la Voluntad», estrenada el 28 de marzo del año 1.935, es uno los productos màs notorios que diò la magia de las imàgenes no estàticas; mejor pelìcula alemana de todo el periodo nazi, aunque en este aspecto no es especialmente meritorio debido a la baja calidad media en una industria que habìa perdido el esplendor de periodos recientes debido a la represiòn o al exilio de muchos de sus profesionales y la rìgida censura tìpica de todas las dictaduras. Significaba un encargo por parte del mismo gobierno a la joven directora Leni Riefenstahl para plasmar el congreso del Partido Nacional Socialista Obrero Alemàn (NSDAP) en la ciudad del antiguo ducado de Franconia e integrada màs recientemente en Baviera, de Nùremberg, en el mes de septiembre de 1.934, en un momento que se habìa consolidado el poder del movimiento, con la ilegalizaciòn del resto de las organizaciones polìticas y cuando todavìa estaba muy reciente la purga de los elementos màs revolucionarios de la estructura partidaria en la llamada «Nacht der langer Messe» («Noche de los cuchillos largos) y el fallecimiento del Presidente del Reich Paul von Hindenburg.

Leni Riefenstahl, nacida en Berlin el 22 de agosto de 1.902 en el seno de una familia burguesa, bailarina de danza clàsica desde su màs tierna infancia pero una lesiòn grave de rodilla le hizo abandonar esta vocaciòn y segùn cuenta ella misma en su autobiografìa, el impacto que le produjo la visiòn del cartel del filme de Arnold Fanck «Der Berg des Schickasls» en 1.924 le promoviò a integrarse de lleno en el mundo del arte del celuloide y participa a partir de 1.925 como actriz en un total de ocho cintas de temàtica ligera, aunque le permite conocer a grandes cineastas germanos del momento como F.W. Mornau, Fritz Lang y Robert Wiene. En el año de 1.932 se pone por primera vez detràs de las càmaras y realiza «La luz azul», una recreaciòn fantàstica muy del gusto del pùblico de la època. Entusiasta del ideario nazi, aunque nunca estuvo afiliada a la organizaciòn, es encargada para plasmar en fotogramas la convenciòn anual de la misma de 1.933 en la urbe bàvara que habia sido elegida como sede permanente para sus grandes concentraciones desde pràcticamente el nacimiento de la entidad. Sin embargo la labor de Riefenstahl se viò fuertemente obstaculizada por la oposiciòn de determinados jerarcas por su condiciòn de mujer y no ser miembro del partido. Resultado de este tormentoso rodaje es la pelìcula «La victoria de la fe» cuyo debut oficial se produce a principios de 1.934 y que no fue de todo del gusto de la berlinesa, que aun en su vejez abjuraba del producto y argumentaba que no era màs que un ensayo, aunque si vislumbramos la cinta, podremos comprobar que se empieza a distinguir el notorio estilo Reifenstahl que harìa maravillar a los aficionados al cine en trabajos posteriores.

Para ese año, Hitler ordena zanjar suspicacias anteriores y en el cònclave de aquel ejercicio, la de Berlin obtiene de nuevo la misiòn de filmar el acontecimiento, consiguiendo enormes facilidades junto a la colaboraciòn por parte de las autoridades y disponiendo de todos los recursos que podìa desear un documentalista. La poblaciòn de Nùremberg se convierte en un inmenso estudio cinematogràfico donde la directora ordena construir nuevos puentes y accesos, asì como altas torres de iluminaciòn y raìles para las càmaras. Contando con la ayuda de 120 tècnicos y utilizando un total de 30 filmadoras cristaliza con pasiòn la numerosa concentraciòn, dejàndose llevar por el embrujo de su estètica y paranafernalia, que al lado de su mìstica, se habìa convertido en uno de los elementos màs esenciales de la difusiòn social del movimiento.

Acabado el congreso y terminadas las tomas, comienza un arduo trabajo de montaje que iba a durar unos seis meses, reduciendo el metraje a dos horas de duraciòn que suponìa solamente un tres por ciento de lo captado. Finalmente la pelìcula es mostrada pùblicamente por primera vez el 28 de marzo de 1.935, velada que tuvo la presencia de los principales jerifaltes del nuevo estado,

El resultado cinematogràfico es apabullante y tenìendo en cuenta la trayectoria posterior del règimen resulta sobrecogedor y siniestro; hay una clara intenciòn por parte de su autora de glorificar el poderìo del nacional-socialismo e incrementar el control en las conciencias de la mayorìa de los alemanes. Nos encontramos con un genio de la atmòsfera de secuencias en una producciòn que desborda imaginaciòn, inventiva y oficio; la narraciòn visual es enèrgica, que avanza a una cadencia inmensa, en unos encuadres magnìficos inspirando composiciòn y perspectiva.

La de Berlin no duda en utilizar unos travelings grandiosos, unos planos generales ùnicos, unos barridos vigorosos, unas tomas cenitales hàbiles y contraluces llamativos, en que se puede apreciar un soberbio sometimiento de la càmara y los espacios, en que muy pocos cineastas lo han agenciado; Reifenstahl dota a las distinta secuencias de un ascetismo y una importante carga èpica en un espectàculo apabullante.

Hay una glorificaciòn de Hitler como lìder indiscutible e indiscutido, que se ve sometido a aclamaciones y adulaciones de las multitudes, confiriéndole un carisma inquietante y siempre pavoroso; el resto de los dirigentes como Josef Goebbels, Herman Goring, Rudolf Hess, Max Amann o Martin Bormann parecen hèroes de una epopeya y ante todo se evidencia a un calidoscopio de hombres jóvenes y recios, integrados en una masa que parece un personaje màs y que supone la gènesis y la consumaciòn de una cosmovisiòn totalitaria que nubla por completo el individualismo y las libertades personales.

Y postreramente podemos observar en el filme una ediciòn llena de destreza y a la vez nerviosa, una fotografìa pulcra da al equipo de operadores formando por Sepp Allegeier, Karl Attemberger, Werner Bohne, Walte Frentz y Willy Zielke y terminando en una Banda Sonora surgida de la batuta de Herbert Windt de clara inspiraciòn wagneriana.

La cineasta sigue con su trayectoria profesional en el gènero documental y en 1935 materializa «Dia de libertad, Nuestras Fuerzas Armadas», sobre unos ejèrcitos alemanes no sometidos a las clàsulas de Versailles; en en el mes de agosto de 1.936 recoge con el objetivo de su càmara los Juegos Olìmpicos de Verano que tìenen de escenario su urbe natal y darà como resultado la cinta «Olympia», habilitada para el «Respetable» el 20 de abril de 1.938. En medio de la II Guerra Mundial realiza «Tierra Baja» basada en la pieza honònima del dramaturgo catalàn Angel Guimerà, pero con la caìda del III Reich en abril de 1.945 evita su montaje ultimo. En los primeros años de postguerra, Riefenstahl como otros muchos ciudadanos alemanes, es sometida por parte de las autoridades de las potencias ocupantes a un duro «tribunal de desnazificaciòn» que en su conclusiòn exonera a la directora por no haber ostentado ningun cargo oficial durante el periodo hitleriano pero la declara simpatizante del nazismo por lo que pierde durante algun tiempo sus derechos a sufragio pasivo y activo. En los primeros 50 remata la pendiente ediciòn de «Tierra Baja», por lo que puede ser estrenada el 11 de febrero de 1.954; sin embargo sus notorios vìnculos con los de la cruz «gamada» le van a suponer un veto para la configuraciòn de futuros proyectos cinematogràficos y sus inquietudes creativas la llevan al mundo de la fotografìa, tenìendo como resultado los cèlebres reportajes de patentes caracterìsticas antropològicas sobre los pueblos «nuba» en Sudàn y las rutilantes e intrèpidas incursiones a los fondos marinos. Leni Reifenstahl muere el 8 de septiembre de 2.003 en la localidad de Pocking, pedanìa de la pequeña ciudad de Stamberg en Baviera, donde habìa residido las ultimas dècadada de su excitante y larga vida.

2 Responses to “El triunfo de la voluntad.”

  1. Yo no veo nazismo, veo creatividad; La creación desde mi punto de vista está muy por encima de las ideologías.

  2. Es muy interesante de como una ideología puede condicionar una obra de arte y cuando esta ideología resulta para la mayoría perversa.

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