El viaje de los comediantes.

domingo, noviembre 30th, 2014

Hay determinadas pelìculas cuyo rodaje se viò profundadamente afectado por los acontecimientos que tenìan lugar en su exterior, como «Los niños del paraìso» del francès Marcel Carnè, estrenada el 9 de marzo de 1.945, muy motivada por el desembarco aliado en Normandìa, la liberaciòn de Parìs, asì como el fin de la ocupaciòn alemana y el colapso del règimen de Vichy. Otro ejemplo lo tenemos en «El viaje de los comediantes» del griego Theo Angepoulos, puesta en comercializaciòn en Julio de 1.975 con notable influencia de los ultimos coletazos de la dictadura militar denoninada «Junta de los coroneles», el golpe de estado con apoyo de Atenas contra el arzobispo Makarios III en Chipre, la invasiòn de la isla por los turcos que provoca el enfrentamiento armado entre Grecia y Turquía, significando la derrota de los helenos y el fin del règimen autoritario en su propio paìs, con el retorno de una democracia muy mediatizada y llena de interrogantes.

Angelopoulos, uno de los directores màs significativos del celuloide griego; nacido en Atenas en 1.935, que como algunos de sus admirados realizadores de la «Nouvelle Vague», comienza como crìtico de cine, colaborando en el diario izquierdista «Dimokratiki Allaghi», cerrado por orden gubernativa tras el golpe militar de 1.967. Despues de dos intentos frustados de llevar adelante dos proyectos a la Gran Pantalla, logra finalizar un corto en 1.968 llamado «Ekpombi», siendo su primer largometraje «Reconstruciòn» en el año 1.970, basado en un hecho real, donde narra un crimen perpetrado por una esposa y un amante, continuando con «Dias de 36» en 1.972, un filme de notable sesgo ideològico, exponìendo con frialdad y cierta parquedad un escàndalo polìtico-sexual pocos dias antes del golpe de Metaxas en julio de 1.936, coincidiendo en el tiempo con el albor de la guerra civil en España.

Es en 1.974, cuando inicia su trabajo hasta el momento màs ambicioso, tanto desde un punto de vista artìstico-creativo como tècnico, que tomò el tìtulo de «O thiassos», traducido libremente en la mayorìa de los paises hispànicos como «El viaje de los comediantes», una visiòn personalista sobre los orìgenes y causas de los gabinetes de facto de Papadòpoulos y Giikis, que sin un guiòn previo narra las peripecias de un grupo de actores itinerantes que recorren Grecia entre los años 1.939 y 1.952, intentando representar una pieza popular del siglo XIX denominada «Golfo la pastora», cuando en muchas ocasiones esta labor se ve dificultada por los graves acontecimientos de estos años, como los ultimos coletazos del gobierno de Metaxas, la tentativa de invasiòn italiana que es repelida, la nueva agresiòn, en este caso alemana que resulta màs èxitosa y que trae como consecuencia una dura ocupaciòn, la mayor parte de las veces, desesperada lucha partisana, la intervenciòn britànica, consideranda por muchos como el primer acto de la «Guerra fría», el cada vez mayor intrusismo de la administraciòn estadounidense en asuntos internos, la guerra civil entre monárquicos-conservadores e izquierdistas y las primeras elecciones desde los años 30 que pretende reconciliar el paìs.

Obviamente con este producto se podìa despertar recelos gubernamentales, pero hàbilmente Angelopoulos engaña a los censores, dìciendoles que con lo que està trabajando es una novedosa versiòn del mito clàsico de Orestes ambientando en la II Guerra Mundial. En cierto modo no estaba mintiendo de todo, aunque debemos tener en cuenta que una mayor amplitud temporal de la acciòn permitìa una crìtica màs subrepticia y se podìa jugar con el espectador, al identificar èste determinadas situaciones y determinados personajes con elementos contemporaneos.

Angelopoulos nos presenta ante todo un ensayo poètico sobre la realidad de un paìs que presume pero a la vez soporta, ser el origen de la civilizaciòn occidental, aunque tantea salirse de los tòpicos y no es la Grecia de postal o de folleto turistico de aguas cristalinas, playas con deslumbrante arena pàlida y de coquetos pueblecitos con viviendas encaladas; es una Hèlade bàlcanica, continental, con profundas heridas sin cicatrizar y donde el aroma de la muerte siempre està presente.

Hay una bùsqueda insaciable en la innovaciòn que se convierte en la màxima del filme, huyendo de lo convencional y ortodoxo, sobrepasando hasta con altanerìa lo comercial. Angelopoulos no quiere manipular, habla directamente a los ojos de la càmara, con una frialdad que siempre sobrecoge y en ocasiones hasta puede aturdir.

El director convierte todo el tiempo en presente, como una especie de juego que hace mover en tres nìveles la propia narraciòn. El lapsus y el espacio en esta pelìcula tiene una fuerte futualidad, dependiendo en ocasiones del propio capricho y en otras del mismo caràcter del autor; de ser un cineasta de momentos ìntimos o de un paisaje que se convierte en el gran protagonista de un encuadre a poseer una innata capacidad para reflejar y la vez controlar las multitudes, revindicàndose como un verdadero maestro del movimiento de masas, adquieron èstas una autèntica identidad, comportàndose como un personaje màs, que en algunos instantes toman por completo el desempeño de la cinta.

A pesa de ser una obra muy particular y subjetiva, nos topamos con notables influencias de Orson Welles, Kenji Mizoguchi, Michelangelo Antoniono y Miklòs Jancsò, como de elementos extra-cinematogràficos del dramaturgo Bertolt Brecht, sin embargo Angelopoulos no se limita simplemente a imitar a los maestros, si no que encuentra un nuevo enfoque de todos èstos, una original mirada que suscita ser mas valorados.

El operador Giorgios Arvanatis se transfigura como una pieza esencial de la creatividad del director, suponiendo una verdadera simbiosis entre los dos y las tomas se transfiguran en el verdadero material donde se moldea toda las inquietudes; hace dotar de una luz exactamente calibrada, con movimientos de càmara que apuran los complejos espacios escènicos y teniendo como resultado una tenue y sublime belleza cromàtica.

Con un argumento denso y variado, en lo que entran infedelidad, celos, traiciòn, enfrentamientos, odio, venganza y muerte; un drama històrico y humano que en ocasiones cae en el morbo malsano de lo grotesco y lo sublime sufre una metamorfosis en òpera bufa. Ello se consigue en parte gracias a una excelente direcciòn de actores, destacando las figuras de Eva Kotamanidou, Stratos Pahis, Aliki Geogouli y Maria Vassiliou.

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