Al Final de la Escapada

domingo, enero 2nd, 2011

Es un tópico el decir que el cine tiene magia, sobre todo porque puede llevar al espectador hacia mundos desconocidos, hacia mundos oníricos, mundos llenos de fantasía y a veces de irrealidad.

Tambien es un tópico el valorar la magia de las imágenes, de su fuerza y de su garra, que queda retenida en las retinas del espectador y a veces, en su cerebro y en su corazón.

En «A Bout de souffle «, traducida más o menos al castellano como «Al Final de la Escapada» (1.959) de Jean Luc Godard, es un claro ejemplo de la importancia de las imágenes, de la garra de las imágenes, de la fuerza de la imágenes. Antes de ver el propio film, el fotograma de Jean Paul Belmodo y Jean Seberg caminando alegramente por los bulevares parisinos, él ataviado con un traje de trazo clásico y con un sombrero borsalino llevado de forma desenfadada, dándole un toque de vitalismo a un estilo quizás un poco rancio y casposo y con un cigarro en la boca llevado de forma insolente. Ella con una maravillosa sonrisa en la cara y preciosa con un pelo corto a lo garsón y con una camiseta blanca anunciado el «Harold Tribune»

Desde que viera ese fotograma en mi infancia en una enciclopedia, siempre tuve el deseo de ver toda la película, esperando ver más fotogramas maravillosos que esperaba de la misma y cuando por fin ese deseo se vió hecho realidad en mi adolescencia, este film se convirtió desde entonces en uno de mis favoritos y si amo el cine es precisamente porque existen películas como «Al final de la Escapada».

Resulta pomposo decirlo, pero en «Al Final de la Escapada», está el origen del cine moderno. Desde que se estrenó el film, nunca volvió a ser igual en el denominado séptimo arte.

Como en casi todas las películas clásicas y de culto, existe una leyenda urbana y esta leyenda urbana es que ese ritmo endiablado, caprichoso, fuera de toda lógica, como de un sueño de loco, es producto de un error del montador, dando lugar a una obra nueva y revolucionaria en muchos aspectos.

Esta innovaciones iconoclastas, voluntarias o accidentales (segun la leyenda), dió comienzo a un movimiento ecléctico, al principio novedoso, pero con el paso del tiempo fue perdiendo esa frescura llamado «Nouvelle Vague», algo asi como «Nueva Ola», sin embargo el film de Godard, tiene la suficiente fuerza e independencia de valorarlo como elemento único, fuera de modas y etiquetas.

Lo curioso de la película, que su trama es lo más convencional, hasta nos puede parecer un manido guión de serie B policíaca, pero Godard profundiza en la psicología de todos los personajes, haciendo transcender a la propia trama. Nos encontramos con Michel Poiccard (Jean Paul Belmodo), un raterillo de Marsella, que se dirige a París para cobrar una deuda y para encontrarse con una amiga, Patricia Franchini  (Jean Seberg),una estudiante estadounidense , que saca un dinerillo extra  como vendedora callejera del «Harold Tribune»; En medio del camino hacia París, mata accidentalmente a un gendarme y llegado a la capital gala se refugia en el apartamento de Patricia.

Michel es un torrente de vitalismo y hasta de buen humor, posee esa pose macarril propio del hampa francesa, sin embargo aderezado por algunos elementos intelectualoides, como su propia cinefilia,ya que había trabajado como extra de cine y es fan de Bogart.

Patricia es un ser lleno de dudas existenciales, con un pesimismo crónico, con tendencia a la depresión, un ser además lleno de dulzura y sensibilidad. Sin embargo el mal le atrae, personificado en el simpatico y pendenciero marsellés.

Los dos son dos mundos opuestos, pero se sienten atrapados uno por el otro y Godard juega en este aspecto  con elementos más rimbombantes como las diferencias culturales entre europeos y americanos, aunque vistos con una ironía, por cierto bastante sutil.

Los dialogos entre los dos personajes en el apartamento son bastantes jugosos, con una insolencia gamberra, sobre todo por parte del personaje de Michel; Godart evita el sonido directo utilizando una postsinconización, sin embargo este hecho dá fuerza a los dialogos y contribuye a dar realce ese ritmo endiablado anteriromente comentado.

Esta grabación en interiores conduce a una nueva forma de contemplación, tanto por parte del director, como por parte del espectador, ofreciendo un caledoscopio de  imagenes y sensaciones.

Las imagenes exteriores tampoco pierden garra, es el Paris existencialista de principios del gaullismo, quizás atormentado por la guerra de Argelia y puede que  producto de este tormento  seala fuerte presencia policial.Pero es un Paris alegre, vital y creativo, cuya banda sonora es la musica de Jazz y Godard lo refleja muy hábilmente.

El final es convencial, sangriento, policiaco y hasta cierto punto con algo de romanticismo, pero en «Al Final de la Escapada», lo importante no es el argumento, ni el final, lo importante es como se cuenta, porque Godard es mas un creador que un contador de historias.

2 Responses to “Al Final de la Escapada”

  1. El comienzo del cine moderno. Un clàsico para ser visto y revisionado siempre.

  2. El cine no volviò a ser el mismo desde esta realizaciòn de Godart.

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